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LEYENDAS de Costa da Morte

 

LEYENDAS DE SANTOS
A lo largo de la costa de la comarca hay una serie de santuarios, la mayor parte de ellos situados en las puntas más salientes, que evidencian la cristianización de antiguos lugares de culto pagano.
Tenemos así San Hadrián en Malpica; Santa Rosa, en Laxe; O Espíritu Santo, en Camelle; A Virxe do Monte en Camariñas; A Virxe da Barca, en Muxía; O Cristo de Fisterra; San Marcos, de Corcubión; A Virxe da Xunqueira, en Cee, y A Virxe dos Remedios, de Lira.
Cada una de estas vírgenes y santos tienen su leyenda, que en la mayoría de los casos trata sobre su origen.
Así, la de O Espíritu Santo, de Camelle, dice que llegó dentro de un bote de madera; A Virxe do Monte salió del mar subiendo por los acantilados y se le apareció a unos pastores; A Virxe da Barca llegó en una barca de piedra; O Cristo de Fisterra se acercó a la costa en una caja de madera que cayó de un barco; San Marcos, de Corcubión, procede de un mascarón de proa de un barco veneciano, arrojado al mar y recogido por unos pescadores; A Virxe da Xunqueira también procede de un barco, que ante la posibilidad de partir, decidió abandonar la imagen en la ría, más tarde encontrada en unos juncales.
Sin embargo, la leyenda de San Hadrián y la de A Virxe dos Remedios, de Lira, en lugar de hacer alusión a su origen se refiere a hechos milagrosos. San Hadrián hizo desaparecer la plaga de serpientes que había en aquella zona y A Virxe dos Remedios hizo que se hundiera un barco de soldados franceses que querían invadir la comarca.
Por la importancia que tienen las romerías de O Cristo de Fisterra y de A Virxe da Barca, vamos a contar las leyendas de estos dos santos.
El origen de O Cristo de Fisterra, como pasa con la mayoría de otros santos, está envuelto en leyendas que tratan de explicar su aparición.
Una de estas leyendas dice que un día de mar embravecido, unos pescadores fisterráns, afaenados por conducir sus embarcaciones a puerto, vieron como un barco se bandeaba fuertemente por las olas provocadas por el temporal. De repente, observaron cómo del barco cayó una gran caja que, flotando, se dirigía hacia la playa. El barco, después de librarse de aquella carga, recobró la estabilidad y emprendió su marcha.
A los pescadores que intentaron acercarse a la caja no les fue posible, por motivo de su velocidad, llegando antes que sus embarcaciones a la playa. Ante tal acontecimiento, la gente del pueblo se arremolinó alrededor de la caja, abriéndola y encontrando dentro la imagen del Cristo. Entendieron, luego, que las dificultades del barco que tenía a bordo la imagen del santo se debían a que éste quería quedarse en Fisterra. La imagen del Cristo, acompañada por gente, fue conducida a la iglesia parroquial.
La leyenda de A Virxe da Barca está recogida en varios libros, habiendo algunas variaciones de unos a otros. Esta es la versión más extendida:
Durante las predicaciones del Apótol Santiago por la comarca, después de que por medio de su intercesión la ciudad de Duio (Fisterra) quedase sumergida, desapareciendo todos sus habitantes, como castigo por desoír las predicaciones del Apóstol y rendir culto al Sol, aquel se retiró a la solitaria costa muxiana, y allí, en A Punta de Xaviña, se paró a rezar y suplicar al Señor con la intención de que las gentes cesasen en sus hostilidades contra su predicación.
De repente, el Apóstol vio cómo una barca misteriosa se acercaba a la orilla, y en ella contempla a La Virgen llena de hermosura y majestuosidad. La Virgen le da ánimos al Apóstol y le comunica el éxito de sus predicaciones en nuestra tierra, ordenándole que vuelva a Jerusalén, ya que su misión se había cumplido.
La embarcación en la que llegó la Virgen a A Punta de Xaviña era de piedra, lo mismo que la vela y el timón, quedando allí despositada. La barca era A Pedra de Abalar y la vela A Piedra dos Cadrís.
Cuenta también la leyenda que la Virgen, como muestra de amor hacia el Apóstol, le donó una imagen suya, a quien Santiago levantó un altar bajo aquellas piedras.

 
CIUDADES SUMERGIDAS
En A Costa da Morte hay varias leyendas sobre ciudades sumergidas, entre las que podemos destacar la ciudad de Duio (Fisterra); la de Gomorra, en la ría de Corcubión, que desapareció mientras sus habitantes disfrutaban de una gran comilona; la de Vilaverde, frente a la playa del mismo nombre en Moraime (Muxía); la de A Fonte de Ricamonde (Carnota), donde se dice que se esconde una ciudad romana, o la de Valverde, en la Laguna de Traba (Laxe).

De todas estas ciudades legendarias, la más conocida es la de Duio. La gente mayor aún conserva leyendas que nos hablan de esta misteriosa ciudad. Según dicen algunos, que las escucharon contar a sus antepasados, que en las brañas, cerca de la Playa de A Lagosteira, hubo una ciudad. Un día que había guerra, llegó por allí Jesucristo y les dijo: “Que Dios os convierta, que nosotros no podemos”. Y los viejos cuentan que luego la ciudad desapareció bajo tierra.

Otra leyenda habla de un cataclismo que sepultó totalmente la ciudad, de la que tan sólo se salvaron los bueyes de un vecino llamado Gures, que anduvieron errantes mucho tiempo por la zona, hasta que un día se metieron en el mar y murieron ahogados, quedando transformados en dos peñascos conocidos por el nombre de Os Bois de Gures.

Estas leyendas nos ponen de manifiesto las dificultades que debieron tener los cristianos para acabar con el paganismo en estas tierras.

 
PREHISTORIA Y LEGADO CELTA
Dentro de estas leyendas destacan las que se refieren a los castros, ya que es raro el castro que no conserva su leyenda. La mayor parte de ellas hacen alusión a sus habitantes, a la existencia de tesoros o a ciertos encantamientos.

Así, del castro de Borneiro (Cabana), se dice que allí vivieron los moros, donde tenían su ciudad; o también que hay una viga de oro que va desde A Cidá hasta el castro de Borneiro (este último situado en un monte próximo).

Del castro de Frixe (Muxía), los más viejos cuentan que fue hecho por los moros que lo habitaron y que en el castro había un túnel que comunicaba con una fuente, donde los moros iban a buscar agua. También se dice que hay un cura de oro enterrado.

Del castro de Mourín (Camariñas), se cuenta que había unas cuevas con un tesoro guardado por un moro; cierta vez, un hombre intentó hacerse con él, y a pesar de que pudo matar al mítico guardián, no pudo apoderarse del tesoro, puesto que las galerías se vinieron abajo.

La leyenda más hermosa relacionada con el mundo de los castros es, sin lugar a dudas, la de Buserán, referida al castro de Xansón (Moraime-Muxía). Dice así:

"En tiempos remotos había en la cima de un castro, en el lugar de Os Castelos, una gran fortaleza perteneciente a un rico y valiente caballero, padre de una hermosa moza llamada Florinda.
En una de sus ausencias obligadas del dueño del castillo, llegó a las puertas un valiente mozo llamado Buserán. Era trovador de canciones gallegas de amor y guerra. Entró en la fortaleza, vio a Florinda y ambos se enamoraron.
Llegó el padre de Florinda de luchar de lejanas tierras y, conociendo los amoríos de su hija, expulsó al joven trovador y encerró a Florinda en un rincón de la fortaleza. Esta decisión, hizo que los dos mozos se quisieran más aún, y todas las noches Buserán dirigía a Florinda sus canciones desde los oteros de los alrededores.
El caballero, enfurecido, ordenó la persecución y muerte de Buserán. Así lo hicieron los criados. Cogieron a Buserán y lo tiraron desde lo alto de un peñasco a una furna de la costa, ahogando para siempre su voz.
Puesta en libertad Florinda y enterándose del trágico fin de Buserán, enloqueció y anduvo durante muchos días y noches por la orilla del mar llamando por su amado.
Una noche, un criado le dio al caballero la noticia de que vieran a su hija gritando en lo alto de la furna.
– ¿Donde estás Buserán?
Y desde lo más hondo del mar se escuchaban las canciones del trovador.
De repente, una gigantesca ola, deshecha en espuma, subió por los acantilados y envolvió a Florinda, llevándola con ella al fondo de la furna".

El lastimero eco de la voz de Buserán resonó durante muchos años, según aseguraban los pescadores que faenaban cerca de la furna (cueva situada en la base de un acantilado). Aún hoy se le atribuye al lugar la facultad de otorgar correspondencia de amor a todo aquel que se acerque a solicitarla.

 

Adaptado de "Costa da Morte. Guía Turístico-Cultural"
Editado por Asociación Neria
www.neria.es

 
 
 
 
 
   
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