El
Cabo Touriñán, fue donde se produjo
el mayor número de naufragios de toda esta costa, sobre
todo en el bajo denominado O Farelo, que se puede ver al descubierto
frente al faro cuando baja la marea. Cerca de esta punta, en
la madrugada del 2 de abril de 1882, chocaron dos vapores: el
inglés Douro y el español Irurac-Bac, que de repente
se hundieron, produciéndose un total de 73 víctimas,
y que, de no ser por el vapor inglés Hidalgo-Hull, que
navegaba en aquellos momentos por el lugar, el número
de desaparecidos sería mucho más elevado, ya que
éste recogió nada menos que a 140 supervivientes.
Cabo
Finisterre, si O Farelo es el punto negro
de Touriñán, lo mismo sucede con O Centolo,
en Fisterra. El más trágico suceso ocurrido
en este lugar fue el del monitor inglés Captain, en
el año 1872, que perdió toda su tripulación.
Tres años después fue a dar a este mismo lugar
un vapor español, del que se desconoce el nombre, desapareciendo
nueve de sus 19 tripulantes.
En 1878, otro mercante inglés, el Bitten, choca también
con O Centolo, perdiendo diez de sus 14 tripulantes.
Un suceso que tuvo gran repercusión en la zona, aunque
no se produjera ninguna víctima, fue el que protagonizó
el naufragio del Blas de Lezo, en el año 1932, barco
de la Marina española que se hundió cuando hacía
unas maniobras con otros barcos de guerra, al intentar pasar
por el canal que hay entre O Centolo y la Punta del Cabo Fisterra.
Cerca de esta zona, posiblemente a la altura del Cabo A Nave,
fue el lugar dónde en el año 1960, naufragó
el pesquero fisterrán Bonito, dejando en el mar sus
11 tripulantes, suceso que aún se recuerda con gran
sentimiento en esta villa costera.
También
cerca del Cabo Fisterra, en unos bajos que forman el extremo
sur de la extensa Playa de O Rostro, tuvo lugar la última
gran catástrofe marina ocurrida en esta costa, de la
que estamos seguros que creará leyenda y pasará
a la historia de los naufragios de mayor importancia. Se trata
del barco de bandera panameña Casón, que en
la madrugada del 5 de diciembre de 1987, después de
declararse un incendio a bordo, comienza a emitir un SOS.
En seguida acuden en su auxilio el helicóptero del
SAR, la Cruz Roja y los barcos de la zona, no logrando salvar
con vida más que a ocho de sus 31 tripulantes, ya que
los otros habían muerto por intoxicación de
monóxido de carbono.
Durante los tres días siguientes, el barco, ya embarrancado
cerca de la costa, continúa con un incendio a bordo,
sin que se tomen medidas para controlarlo, debido al estado
del mar y a la peligrosidad de su carga. El miércoles
9 y el jueves 10 se comienzan a descargar algunos bidones,
un total de 228, de los 3.717 que había a bordo. La
descarga de los bidones creó una gran preocupación
en la gente de la zona y del resto de Galicia, por las sustancias
tóxicas que contenían. Primero fueron depositados
en el puerto de Brens, pero ante las protestas de la gente
comenzaron una peregrinación por toda Galicia, sembrando
el pánico en los lugares por donde pasaban. La mayoría
de la población de la comarca, después de recibir
una información confusa del suceso y ante las explosiones
en cadena que comenzaron a bordo del barco el jueves, día
10, deciden abandonar sus hogares, digiriéndose hacía
las villas y ciudades próximas: Carballo, A Coruña,
Santiago, Muros y Noia. Fué una noche de gran confusión
y nerviosismo, en la que las autoridades no se ponían
de acuerdo en las decisiones a tomar.
Otros naufragios que
crearon impacto en las gentes de la zona, bien por el número
de víctimas o por su espectacularidad, fueron el de
la goleta Adelaida, producido en la ría de Laxe en
el año 1830, en el que tan sólo el capitán
y un marinero lograron salvarse; este último murió
al día siguiente. El capitán, Mr. Dovell, permaneció
varios días en Laxe, donde ordenó hacer una
lápida de piedra en honor de su mujer e hijo, que perecieron
en el naufragio.
Las
gentes de Camelle aún recuerdan los tres naufragios
que se produjeron en el Bajo
Pedra do Porto, a la entrada de esta villa
marinera. El primero de ellos fue el carguero inglés
Yeoman, que en 1904 se dirigía a la India, en el que
hubo cuatro víctimas. Seguro que en el pueblo aún
quedará alguna ropa hecha con piezas del género
que aprovecharon de su carga.
En el año 1915, en este mismo lugar, naufragó
el carguero español Natalia, no habiendo ninguna víctima.
Y por último, en 1934, embarrancaba aquí el
petrolero ruso Boris Sheboldaef, que, gracias a la colaboración
de los vecinos, se salvó toda su tripulación.
Otro gran acontecimiento fue el que provocó el petrolero
alemán Nord Atlantic, en 1943, conocido popularmente
como “el barco del gas”, que chocó en el
bajo de As Quebrantas y provocó una gran marea negra
en la ría de Camariñas y Muxía.
También tuvo repercusión el naufragio del Banora,
barco marroquí cargado de naranjas para Alemania, producido
en el año 1965 y que, gracias a la rápida actuación
de los marineros muxiáns, no se produjeron víctimas.
Los vecinos de toda la zona acudieron al lugar no sólo
a presenciar el naufragio, sino a recoger cajas de naranjas
que el mar echaba hacia la costa.
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