EL
CAMINO DE SANTIAGO EN COSTA DA MORTE
Fisterra - Muxía |
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La relación del área geográfica del antiguo
Finisterrae gallego con el culto jacobeo quedó establecida poco
después del descubrimiento de la tumba apostólica. Tradiciones
locales, acaso ya de época sueva (ss. V-VI), apuntan hacia la
relación del Apóstol Santiago con esta zona. En el siglo XI
aparecen nuevas versiones sobre el sentido de esa presencia
y a mediados de la siguiente centuria quedará fijada la versión
definitiva en el “Códice Calixtino” (libro III). De este modo,
Fisterra permanece integrada de forma sólida en el circuito
europeo de la peregrinación jacobea.
Las diversas versiones del traslado del cuerpo de Santiago a
Galicia mencionan la ciudad pagana de Dugium (Duio), que tuvo
asiento en el istmo de Fisterra y de la que han desaparecido
diversos vestigios. Según el “Calixtino”, desembarcados los
discípulos del Zebedeo en Padrón, Lupa, reina de aquella tierra,
los envía a Duio para que el legado romano les conceda el permiso
para enterrar al Apóstol. Éste, con intención de matarlos, los
encarcela, pero son liberados por un ángel y huyen. Cuando están
a punto de ser alcanzados por los soldados que los persiguen,
cruzan el puente de Nicraria (identificado con el puente romano
de Ons, hoy bajo las aguas del embalse Barrié de la Maza), que
se derrumba, providencialmente, al pasar la tropa.
En la cercana Muxía ocurre algo similar, pero aquí la tradición
añade un elemento nuevo: una aparición en carne mortal de la
Virgen (en la cruz, Cristo se la había encomendado a Juan, el
hermano de Santiago). La tradición integra también elementos
paganos característicos de la zona, en particular los relacionados
con las piedras, que quedan así cristianizados y dan testimonio
de los prodigios. Pero en ambos casos, la devoción de los romeros
se concentra en dos imágenes de culto llegadas del mar: el Cristo
de Fisterra, de un patetismo casi humano, y una pequeña imagen
de la Virgen, en Muxía. Nuestra Señora de A Barca
y el Santo Cristo de Fisterra En la Punta
da Barca (Muxía), al menos tres santuarios se sucedieron a lo
largo de la historia. El último, iniciado en 1716 por los Condes
de Frigilana y Aguilar y concluido por los condes de Maceda,
que fueron sepultados en su interior, sigue enmarcado por un
entorno de bravía e impresionante belleza y conserva las piedras
(de Abalar, de Os Cadrís, con sus poderes curativos del reúma,
y de O Timón), que la tradición asocia con el casco, la vela
y el timón de la barca de piedra que trajo a la Virgen a esta
tierra para, al igual que en Zaragoza, dar ánimos al Apóstol
en su tarea evangelizadora. El hecho devocional
y la propia peregrinación se complementan con una gran romería
en el mes de septiembre (primer domingo después del día 8).
La coronación canónica de agosto de 1947, contribuyó, sin duda,
a realzar el culto. El templo, muy sobrio y rematado en la presente
centuria con dos torres, muestra en el interior un soberbio
retablo barroco de Miguel de Romay, presidido por el camarín
de la Virgen. La talla gótica está colocada en una barca guiada
por dos ángeles, en la que también figura un Santiago orante.
Del Santo Cristo de Fisterra, del que se dice que llegó por
mar después de ser arrojado por un barco durante una tormenta,
cabe indicar que es una valiosa talla gótica del siglo XIV,
equivalente a la de Ourense, que es copia mandada hacer por
el obispo Vasco Pérez Mariño, natural de Fisterra. Como a aquel,
se le aplicaron determinados atributos humanos: sudoración y
crecimiento del pelo y las uñas. El licenciado Molina calificaba
al Cristo de “tan maravilloso y de tan gran devoción que se
dice no hacerle ventaja el de Ourense” y añade que a él “acuden
los más romeros que vienen al Apóstol”, pues este era uno de
los motivos para acercarse ‘al fin del mundo’.
Pero la iglesia de Santa María das Areas, además de la capilla
barroca del Santo Cristo (1695), con retablo de Miguel de Romay,
y la renacentista de la Virgen del Carmen, con retablo también
barroco, conserva un importante patrimonio gótico. La capilla
mayor (siglo XIV) guarda la imagen pétrea de la Virgen, una
interesante pieza del siglo XVI y, a la entrada, un precioso
Santiago Peregrino, algo posterior. La capilla de la Quinta
Angustia y de San Miguel, de finales del siglo XV, está adosada
al muro de la Epístola y la de Santa Lucía, del siglo XIII,
flanquea, junto con la del Carmen, una interesante puerta exterior
de estilo gótico tardío. Aunque la portada principal es románica,
en el exterior predomina el gótico marinero. La torre de las
campanas es del siglo XVI. La capilla del actual cementerio,
muy reformada, perteneció al antiguo hospital de peregrinos,
fundado en el siglo XV. De la misma época es el precioso cruceiro
gótico levantado al pie de la carretera.
La fiesta del Santo Cristo, declarada de Interés Turístico Nacional,
se desarrolla en Semana Santa. Desde el Jueves tienen lugar
las escenificaciones de la Pasión (lavatorio de pies, procesión
del Nazareno, Desenclavo y Santo Entierro), pero alcanzan su
apoteosis el domingo de Pascua con la Resurrección, bailándose,
como colofón, la antigua Danza das Areas. En las representaciones
intervienen vecinos de Fisterra y alguna es seguida por miles
de fieles. Diarios de Peregrinación
La prolongación a Fisterra y Muxía es, tras el Camino Francés,
el itinerario con más referencias en la literatura odepórica.
A Jorge Grissaphan, caballero magiar del siglo XIV, debemos
el relato más temprano de esta ruta en sus “Visiones Georgii”.
Tras alcanzar Compostela como peregrino, deseoso de permanecer
en Galicia como eremita fue informado de un “lugar muy solitario,
desierto y apartado notablemente de los hombres y de sus viviendas,
situado entre montes altísimos que casi nadie frecuentaba”.
Se trata del monte de San Guillermo, en el cabo Fisterra. Sin
embargo, y después de cinco meses, tuvo que marchar por ser
muchos los que lo visitaban -algunos, con seguridad, peregrinos-.
A finales de la Edad Media abundan las relaciones, por ejemplo
la de Nompar II, el señor de Caumont (1417), que pasó por Morañas
y habla de San Guillermo “del desierto”. Otro tanto cabe decir
de Sebastián Ilsung, de Augsburgo, en 1446, el primero que menciona
Muxía. Un anónimo alemán (mediados del siglo XV), que en Fisterra
contempló “la silla de piedra desde la que Santiago, Pedro y
Juan miraban el mar”, nos proporciona un curioso dibujo de la
ermita y las piedras de Muxía. A finales del siglo XV, el polaco
Nicolás Popielovo, que parte sin dilación de Compostela a Muxía,
describe el “barco destrozado, hecho de pura piedra” en el que
navegó la Virgen, que a pesar del tamaño de su mástil podía
moverse con una mano. De aquí fue a Fisterra, en cuya iglesia
se ganaba entonces la indulgencia plenaria. También es del siglo
XV el relato de Mártir, Obispo de Armenia, que encuentra aquí
al “vakner “, un extraño animal salvaje, grande y muy maligno.
Entrado el siglo XVI, el veneciano Bartolomeo Fontana visita
Muxía y Fisterra, siguiendo de forma inusual, desde A Coruña,
la Costa da Morte (1539). Indica que los libres de pecado mortal
podrán mover con un dedo la piedra del navío de Muxía, como
el mismo lo hizo, y que todos deben pasar bajo el casco (pedra
dos Cadrís) y dar tres vueltas a la ermita. En Fisterra recuerda
el hospital y habla de los guías que conducían a los peregrinos
hasta la ermita de San Guillermo. Doménico Laffi, el erudito
clérigo boloñés cuatro veces peregrino, en 1673 se acercó también
a Fisterra, donde menciona la iglesia de Santa María y el fanal
con fuego para orientar a los navegantes. Su compatriota, el
franciscano Bonafede Vanti, fue a Fisterra y Muxía, copiando
en el santuario mariano una relación de los milagros de A Nosa
Señora da Barca.
En estos relatos son frecuentes las referencias al monte de
San Guillermo y a su ermita, hoy desaparecida y a cuyos restos
se asociaba la fecundidad. En 1745 el Padre Sarmiento escribe:
"No hace mucho tiempo, había una pila o cama de piedra
en la que se echaban marido y mujer que, por estériles, recurrían
al Santo y a aquella ermita". |
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