A la página de inicio
 
   GUÍA TURÍSTICA
  Cómo llegar
  Guía de Playas
  Galerías de Fotos
  Panorámicas 360º
  La foto de la Semana
  Sabías que...?
  WebCam 24H-Fisterra
  Red Natura 2000
   COSTA DA MORTE
  Gastronomía
  Fiestas
  Actividades Deportivas
  Artesanía
  Geografía
  Historia
  Leyendas
  Naufragios
 
           
  Inicio Guía Turística Santiago de Compostela  
EL CAMINO DE SANTIAGO EN COSTA DA MORTE
Fisterra - Muxía
La relación del área geográfica del antiguo Finisterrae gallego con el culto jacobeo quedó establecida poco después del descubrimiento de la tumba apostólica. Tradiciones locales, acaso ya de época sueva (ss. V-VI), apuntan hacia la relación del Apóstol Santiago con esta zona. En el siglo XI aparecen nuevas versiones sobre el sentido de esa presencia y a mediados de la siguiente centuria quedará fijada la versión definitiva en el “Códice Calixtino” (libro III). De este modo, Fisterra permanece integrada de forma sólida en el circuito europeo de la peregrinación jacobea.

Las diversas versiones del traslado del cuerpo de Santiago a Galicia mencionan la ciudad pagana de Dugium (Duio), que tuvo asiento en el istmo de Fisterra y de la que han desaparecido diversos vestigios. Según el “Calixtino”, desembarcados los discípulos del Zebedeo en Padrón, Lupa, reina de aquella tierra, los envía a Duio para que el legado romano les conceda el permiso para enterrar al Apóstol. Éste, con intención de matarlos, los encarcela, pero son liberados por un ángel y huyen. Cuando están a punto de ser alcanzados por los soldados que los persiguen, cruzan el puente de Nicraria (identificado con el puente romano de Ons, hoy bajo las aguas del embalse Barrié de la Maza), que se derrumba, providencialmente, al pasar la tropa.

En la cercana Muxía ocurre algo similar, pero aquí la tradición añade un elemento nuevo: una aparición en carne mortal de la Virgen (en la cruz, Cristo se la había encomendado a Juan, el hermano de Santiago). La tradición integra también elementos paganos característicos de la zona, en particular los relacionados con las piedras, que quedan así cristianizados y dan testimonio de los prodigios. Pero en ambos casos, la devoción de los romeros se concentra en dos imágenes de culto llegadas del mar: el Cristo de Fisterra, de un patetismo casi humano, y una pequeña imagen de la Virgen, en Muxía.

Nuestra Señora de A Barca y el Santo Cristo de Fisterra

En la Punta da Barca (Muxía), al menos tres santuarios se sucedieron a lo largo de la historia. El último, iniciado en 1716 por los Condes de Frigilana y Aguilar y concluido por los condes de Maceda, que fueron sepultados en su interior, sigue enmarcado por un entorno de bravía e impresionante belleza y conserva las piedras (de Abalar, de Os Cadrís, con sus poderes curativos del reúma, y de O Timón), que la tradición asocia con el casco, la vela y el timón de la barca de piedra que trajo a la Virgen a esta tierra para, al igual que en Zaragoza, dar ánimos al Apóstol en su tarea evangelizadora.

El hecho devocional y la propia peregrinación se complementan con una gran romería en el mes de septiembre (primer domingo después del día 8). La coronación canónica de agosto de 1947, contribuyó, sin duda, a realzar el culto. El templo, muy sobrio y rematado en la presente centuria con dos torres, muestra en el interior un soberbio retablo barroco de Miguel de Romay, presidido por el camarín de la Virgen. La talla gótica está colocada en una barca guiada por dos ángeles, en la que también figura un Santiago orante.

Del Santo Cristo de Fisterra, del que se dice que llegó por mar después de ser arrojado por un barco durante una tormenta, cabe indicar que es una valiosa talla gótica del siglo XIV, equivalente a la de Ourense, que es copia mandada hacer por el obispo Vasco Pérez Mariño, natural de Fisterra. Como a aquel, se le aplicaron determinados atributos humanos: sudoración y crecimiento del pelo y las uñas. El licenciado Molina calificaba al Cristo de “tan maravilloso y de tan gran devoción que se dice no hacerle ventaja el de Ourense” y añade que a él “acuden los más romeros que vienen al Apóstol”, pues este era uno de los motivos para acercarse ‘al fin del mundo’.

Pero la iglesia de Santa María das Areas, además de la capilla barroca del Santo Cristo (1695), con retablo de Miguel de Romay, y la renacentista de la Virgen del Carmen, con retablo también barroco, conserva un importante patrimonio gótico. La capilla mayor (siglo XIV) guarda la imagen pétrea de la Virgen, una interesante pieza del siglo XVI y, a la entrada, un precioso Santiago Peregrino, algo posterior. La capilla de la Quinta Angustia y de San Miguel, de finales del siglo XV, está adosada al muro de la Epístola y la de Santa Lucía, del siglo XIII, flanquea, junto con la del Carmen, una interesante puerta exterior de estilo gótico tardío. Aunque la portada principal es románica, en el exterior predomina el gótico marinero. La torre de las campanas es del siglo XVI. La capilla del actual cementerio, muy reformada, perteneció al antiguo hospital de peregrinos, fundado en el siglo XV. De la misma época es el precioso cruceiro gótico levantado al pie de la carretera.

La fiesta del Santo Cristo, declarada de Interés Turístico Nacional, se desarrolla en Semana Santa. Desde el Jueves tienen lugar las escenificaciones de la Pasión (lavatorio de pies, procesión del Nazareno, Desenclavo y Santo Entierro), pero alcanzan su apoteosis el domingo de Pascua con la Resurrección, bailándose, como colofón, la antigua Danza das Areas. En las representaciones intervienen vecinos de Fisterra y alguna es seguida por miles de fieles.

Diarios de Peregrinación

La prolongación a Fisterra y Muxía es, tras el Camino Francés, el itinerario con más referencias en la literatura odepórica. A Jorge Grissaphan, caballero magiar del siglo XIV, debemos el relato más temprano de esta ruta en sus “Visiones Georgii”. Tras alcanzar Compostela como peregrino, deseoso de permanecer en Galicia como eremita fue informado de un “lugar muy solitario, desierto y apartado notablemente de los hombres y de sus viviendas, situado entre montes altísimos que casi nadie frecuentaba”. Se trata del monte de San Guillermo, en el cabo Fisterra. Sin embargo, y después de cinco meses, tuvo que marchar por ser muchos los que lo visitaban -algunos, con seguridad, peregrinos-.

A finales de la Edad Media abundan las relaciones, por ejemplo la de Nompar II, el señor de Caumont (1417), que pasó por Morañas y habla de San Guillermo “del desierto”. Otro tanto cabe decir de Sebastián Ilsung, de Augsburgo, en 1446, el primero que menciona Muxía. Un anónimo alemán (mediados del siglo XV), que en Fisterra contempló “la silla de piedra desde la que Santiago, Pedro y Juan miraban el mar”, nos proporciona un curioso dibujo de la ermita y las piedras de Muxía. A finales del siglo XV, el polaco Nicolás Popielovo, que parte sin dilación de Compostela a Muxía, describe el “barco destrozado, hecho de pura piedra” en el que navegó la Virgen, que a pesar del tamaño de su mástil podía moverse con una mano. De aquí fue a Fisterra, en cuya iglesia se ganaba entonces la indulgencia plenaria. También es del siglo XV el relato de Mártir, Obispo de Armenia, que encuentra aquí al “vakner “, un extraño animal salvaje, grande y muy maligno.

Entrado el siglo XVI, el veneciano Bartolomeo Fontana visita Muxía y Fisterra, siguiendo de forma inusual, desde A Coruña, la Costa da Morte (1539). Indica que los libres de pecado mortal podrán mover con un dedo la piedra del navío de Muxía, como el mismo lo hizo, y que todos deben pasar bajo el casco (pedra dos Cadrís) y dar tres vueltas a la ermita. En Fisterra recuerda el hospital y habla de los guías que conducían a los peregrinos hasta la ermita de San Guillermo. Doménico Laffi, el erudito clérigo boloñés cuatro veces peregrino, en 1673 se acercó también a Fisterra, donde menciona la iglesia de Santa María y el fanal con fuego para orientar a los navegantes. Su compatriota, el franciscano Bonafede Vanti, fue a Fisterra y Muxía, copiando en el santuario mariano una relación de los milagros de A Nosa Señora da Barca.

En estos relatos son frecuentes las referencias al monte de San Guillermo y a su ermita, hoy desaparecida y a cuyos restos se asociaba la fecundidad. En 1745 el Padre Sarmiento escribe: "No hace mucho tiempo, había una pila o cama de piedra en la que se echaban marido y mujer que, por estériles, recurrían al Santo y a aquella ermita".
 EN SANTIAGO :
Alquiler temporada
Gastronomía
 GALERÍAS
Santiago. Ciudad Vieja.
 PARA SABER MÁS:
Turismo Santiago
Xunta de Galicia
Concello de Santiago
CRTVG
 OTROS MUNICIPIOS
 PLAYAS
 
     
           
   
  © Costameiga | info@costameiga.com Código Ético | ¿Quiénes somos?